La memoria del 11 en Providencia

La memoria del 11 en Providencia. Opinión

 

Acaban de devolverle su nombre original la que fuera Avenida Nueva Providencia. Una parte de mi lo celebra, sin duda. Pero estuve en contra de la medida. No es que haya habido un debate al respecto; solo se aplicó lo que estaba propuesto en el Programa de la entonces candidata a Alcalde. Mi oposición no proviene, evidentemente de una postura de derecha o de apoyo al Golpe o la dictadura, todo lo contrario.

Sin duda que muchos de quienes quieren  devolverle su nombre original tienen una noble causa (que en gran medida es mía también): aspirar a ganar una batalla simbólica más en la larga lucha por borrar y resignificar marcas, vestigios, inmuebles y recintos de lo que fue el Terrorismo de Estado bajo Dictadura. Una nueva toponimia se inscribe así en un tipo de política de la memoria como la que tiene Alemania, donde hay símbolos, textos y personajes borrados y prohibidos del espacio y esfera pública.

En Chile es una minoría la que honra el Golpe y la Dictadura, a decir por las encuestas. Pero se trata de una minoría con suficiente espacio en medios de comunicación influyentes, como El Mercurio, como para darle sobrevida a la defensa corporativa de lo que ellos llaman pronunciamiento militar y excesos. Frente a la controversia en torno a la fecha, la Alcadesa propone borrar la inscripción, imaginando que con ello nos alejaremos un paso más de aquel pasado conflictivo. Sin embargo, a 40 años nos damos cuenta que aun no entendemos realmente que pasó ese día en que la Fuerzas Armadas se tomaron el país completo y luego se quedaron por casi 17 años al mando. Ese día, es una marca temporal para todos, indistintamente de nuestra posición política. ¿Cuántos incluso se refieren al periodo de la dictadura, como “al 11”? Es una fecha capaz de condensar simbólicamente tanto los procesos de represión, cambio estructural y refundación de Chile; como la violencia política, e incluso del periodo anterior, de la Unidad Popular. Son 40 años, que en términos afectivos no nos son lejanos.

¿Hemos discutido lo suficiente sobre este día, entendido como título de un proceso? ¿Hemos conversado sobre esto al interior de nuestras familias, círculos de amistades y conocidos, escuelas, liceos y universidades?

Cuando el historiador francés sentenció que las fechas de aniversario son un lugar de memoria en nuestros tiempos de alta modernidad, se refería a ello. Es decir, a la posibilidad de que estas fechas se convirtieran en hitos claves de nuestra identidad colectiva, que de una manera u otra, generalmente vía la controversia, nos empujaran a una discusión sobre un pasado común. Es controversial, porque en torno a los mismos hechos se configuraron una multiplicidad de experiencias subjetivas, muchas opuestas entre sí. Hoy seguimos siendo herederos de esa experiencia fragmentada, aunque las víctimas ganaran la batalla moral.

¿Queremos realmente borrar el 11 de septiembre de nuestra memoria colectiva? O dicho de otra forma, ¿a quiénes les conviene que esta fecha deje de operar como disparador del pasado?

El debate en torno al nombre de una calle importaba probablemente a pocos. 11 de septiembre, en cuanto dirección, ya está naturalizada en el lenguaje de los santiaguinos, como tantas otras que son pronunciadas sin una pregunta por su significado. Sin embargo, el debate sobre el 11 aún está pendiente. ¿Cuántos han abierto la caja de la memoria sobre la Unidad Popular en términos desacralizadores? ¿Quiénes lo han hecho sobre la dictadura y de la transición? Imaginé, que alrededor de la discusión de la propuesta de una nueva toponimia, podíamos abrir una discución como esa.

por Carolina Aguilera,  publicado en facebook, el 2 de julio de 2012

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